Un 13 de noviembre del año 1995, nace Nicolás Sebastián Domínguez Arroba en la ciudad de Quito. Sus padres, Jorge Iván Domínguez Castro y Cristina Janeth Arroba Chiriboga sabían que su segundo hijo estaría destinado para cosas importantes. Desde temprana edad, “Nico” como le dicen sus mejores amigos; tuvo una afición al fútbol. Su padre le inculcó valores para sobresalir en todos los aspectos de su vida. Nicolás creció en un hogar en el que nunca le faltó nada, pero siempre le enseñaron que el trabajo duro, el respeto y la perseverancia son claves para sobresalir en todos los aspectos de su vida. Gabriel su hermano mayor fue y sigue siendo una persona muy importante para Nicolás, ya que siempre se apoyaron en todo y compartían la misma pasión por el fútbol. Ya con más de 6 años de edad, Nicolás empezaría a dar sus primeros pasos en el fútbol.
Su primera experiencia futbolística
llegaría a sus 7 años, su padre lo llevó a probarse en las divisiones
inferiores de Sociedad Deportiva Aucas. Nicolás encontraría rápidamente su
lugar en el club y empezó a destacar inmediatamente. Su padre estaba muy
orgulloso, él también es un apasionado del fútbol y cada vez que lo veía jugar
a su hijo, notaba que tenía algo especial. A los 10 años y ya con más
experiencia, Nicolás mostraba dotes de crack. Su puesto natural en la mitad de
la cancha es donde mejor se desenvolvía, desde pequeño, “Nico” demostraba tener
una pierna derecha muy educada y con mucha calidad. Otra de las características
que Nicolás poseía, es la entrega, esta cualidad hacía que Nicolás destaque
sobre el resto de jugadores. Nicolás se ganó el puesto de titular, ganó
partidos, ganó experiencia al final de 3 años de jugar en Aucas se convirtió en
el capitán de la sub-10. Al mando de Nicolás, el Aucas sub-10 y sub-12 lograría
campeonatos de Pichincha y una Copa AFNA. Después de todas estas buenas
actuaciones, a Nicolás lo empezaron a buscar de otros equipos. Su padre empezó
a recibir muchas llamadas, pero los dos tenían claro a qué equipo querían ir.
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| Nicolás Domínguez en un partido con el CD UDLA |
Después de 7 años en el club “Oriental”,
Nicolás probó suerte en otro equipo tradicional de la capital. Universidad
Católica le abriría las puertas a Nicolás, tras algunas negociaciones entre su
padre y el director técnico de la sub-14 del equipo, Nicolás llegó como la gran
figura. En Aucas, Nicolás logró 2 campeonatos de Pichincha y con ese palmarés
tenía que destacar en su nuevo equipo. A pesar de que Nicolás contaba con la técnica
y habilidad necesaria para ser titular en el equipo, se encontraría con un obstáculo
que hasta ahora no conocía. El entrenador del equipo, a pesar de haber
gestionado la contratación de Nicolás, no lo hacía jugar. El entrenador estaba comprometido
con algunos jugadores, ya que estos eran familiares de gente importante en el
club. Pero Nicolás nunca dejó de trabajar duro hasta ganarse su puesto. “Después
de ser figura en Aucas, el cambio total que sufrí en Católica me afectó mucho. Pasaron
muchos meses sin jugar y me frustré demasiado, mis padres siempre me dijeron
que no me rinda así que seguí luchando y gracias a Dios conseguí afianzarme.”
A los 16 años, Nicolás estaba
completamente afianzado en el once titular del equipo sub-16. Nicolás ya se había
convertido en un volante todo terreno, sabia quitar la pelota, dar buenos
pases, marcaba goles y tenía el carácter suficiente para contagiar ese gen
ganador a sus compañeros. En sus últimos años con Universidad Católica, “Nico” lograría
un vice campeonato sub-16. En sus 17 y 18 años se dedicaría de lleno a terminar
sus estudios secundarios por recomendación de su madre. A los 19 años, Nicolás
tendría su primera experiencia futbolística afuera de la ciudad de Quito. El destino
fue Latacunga y el equipo era La Maná FC. “No entré a la Universidad después de
acabar el colegio porque mi sueño era jugar futbol. En La Maná FC me abrieron
las puertas, me ofrecieron un contrato estable y minutos de juego. Fue muy difícil,
tenía que despertarme a las cinco de la mañana para coger un bus desde Quito
hacia Latacunga, me demoraba 45 minutos. Era muy cansado.”
Un año duró la experiencia en
Latacunga y Nicolás entró a la UDLA. Escogió la carrera de Periodismo y también
consiguió una beca deportiva. En la universidad, Nicolás encontraría su lugar
definitivo. Un equipo lleno de estrellas y con jugadores que se dejaban la piel
en cada partido. El equipo de “Vino tinto” logró el ascenso a Segunda Categoría
con Nicolás como figura y jugador inamovible. “El equipo en el que más he
disfrutado es con la UDLA, mis compañeros son extraordinarios, los éxitos han sido
muchos y las vivencias fueron inexplicables.” Ahora Nicolás tiene 2 retos en su
vida, mantenerse con buenas calificaciones en la universidad y lograr su título
profesional como periodista. Luego quiere llegar lejos en Segunda Categoría con
el equipo de la universidad ya que Nicolás aprendió desde pequeño 3 cosas: “Uno, que para poder estar orgulloso de ti mismo
y ser alguien falta trabajar. Dos, es preciso trabajar con sinceridad. Tres, debes
respetar a los demás para recibir el mismo respeto a cambio. Trabajo sinceridad
y respeto.”

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